200 años celebrando la Pascua del Señor

Museo de Catedral

En este recorrido por la Catedral Metropolitana, no podìa faltar una visita al Museo. Esta exhibición quiere ser una muestra de cómo la fe y la devoción se han plasmado en el arte religioso, especialmente durante los siglos XVI al XX. Cada una de las piezas del museo no es ni solo un objeto litúrgico o de piedad, ni tampoco solo un objeto artístico. Es ambas cosas a la vez: devoción manifestada en el arte y arte que expresa un sentido de Dios. La muestra que Usted encontrará en el Museo ha sido cuidadosamente montada para que, al visitarlo, descubra el sentido de lo divino que tenían los autores de cada una de las piezas y, por tanto, los católicos guatemaltecos en cada ua de las épocas de nuestra historia patria. El museo quiere ser, además, una oportunidad de anunciar la Palabra de Dios y un aporte a la evangelización a través de la historia y las artes.


 

Origen de las piezas
Debido a las muchas dificultades que la Iglesia católica en Guatemala tuvo que afrontar con los gobiernos liberales del siglo XIX y especialmente debido a la sustracción de tesoros de los templos de todo el país, no sólo por la expulsión de los religiosos y religiosas, por usurpación de los bienes de dichas órdenes por parte de los gobiernos y por el robo de muchas imágenes y piezas de orfebrería de altísimo valor en las últimas décadas, los diferentes arzobispos tuvieron que esconder en muchas oportunidades pinturas, esculturas, piezas de orfebrería y otros para evitar su pérdida. Ya para el episcopado de Monseñor Mariano Rosell y Arellano, se contaba en el arzobispado con un depósito, al que el arzobispo llamó “Cafarnaún”, donde se custodiaban piezas de un inmenso valor provenientes principalmente de la Catedral Metropolitana. Los siguientes arzobispos conservaron estas piezas en el Palacio Arzobispal, hasta que en el año 2002, Monseñor Rodolfo Quezada, XVIII Arzobispo de Guatemala, hoy Cardenal de la Iglesia, decide realizar un el registro completo de todos los bienes de la Catedral y el Palacio Arzobispal, y en especial de la Sala Cafarnaum, con la ayuda del departamento de Registro del I.D.A.E.H.

 

Las salas del Museo
La visita al Museo de la Arquidiócesis de Santiago es un encuentro con las expresiones y manifestaciones de la fe católica. En el museo se resaltan tres aspectos: el histórico, el estético o artístico y el teológico.

 

SALÓN DEL COLEGIO SAN JOSÉ DE LOS INFANTES
El diorama del despacho del arzobispo Cayetano Francos y Monroy (1779-1792), recrea muebles y piezas de la época. También contiene documentos, ornamentos y otros objetos relacionados con el Colegio San José de los Infantes que él fundó en la nueva capital en 1781, y que durante años tuvo su sede en este edificio. El arzobispo Francos y Monroy es un ejemplo de cómo la Iglesia ha sido educadora de los pueblos a través de la evangelización y de la enseñanza escolar. El acta de fundación del Colegio y otras piezas (medallas, uniformes, condecoraciones) relacionadas con el Colegio de Infantes nos muestran como ese pasado se perpetua en el presente, pues el colegio aún hoy continua sirviendo a la educación de los jóvenes. La educación, una tarea que preocupo a la Iglesia de finales del siglo XVIII, es aún hoy un reto para el desarrollo de nuestro país.

 

SALA DE JESÚS
Los objetos exhibidos presentan ante nuestros ojos la figura de Jesús desde su nacimiento hasta el misterio de su muerte y resurrección. En los años de su ministerio, Jesús fue un predicador ambulante, que iba de pueblo en pueblo proclamando la Buena Noticia de parte de Dios. Jesús anunciaba que Dios ofrece gratuitamente a los pecadores su perdón; solo deben convertirse y cambiar de vida para poder recibirlo y acogerlo.

Se exhibe una escultura de Jesús Nazareno Niño. La imagen yuxtapone la infancia y la Pasión de Jesús, ocurrida muchos años después, plasmando así una institución. Jesús nació y vivió para una misión y su vocación fue cumplir la voluntad del Padre.

 

La crucifixión de Jesús ha sido objeto de representación artística desde los orígenes del cristianismo y está imbuida de la fe en la resurrección. La escultura barroca se interesa por representar el sufrimiento padecido por Jesús y la crueldad de su ejecución, pero, a la vez, la nobleza del material con el que se realiza la escultura y el resplandor y la corona de espinas de plata –con los que ciñe la frente de Cristo- son sutiles indicadores de que el Crucificado esta vivo que ha resucitado. Algunas esculturas y pinturas del Crucificado lo muestran con la serenidad del rostro de quien ha trascendido la muerte; otras veces, la decoración de la cruz con hojas verdes es indicadora de que de la muerte ha surgido la vida. La cruz es objeto de orgullo para el creyente. Como decía San Pablo (Gálatas 6,14), ”en cuanto a mí, jamás presumo de algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. En la representación del momento de la crucifixión, los artistas católicos han adornado la escena con otros personajes, inspirándose en los relatos bíblicos, especialmente en el evangelio según San Juan. La Virgen Maria, el apóstol San Juan, Santa Maria Magdalena, son personajes que comparten la pasión de Cristo. Especialmente la Virgen María, que en su actitud de Madre Dolorosa expresa como los creyentes en Cristo están llamados a asumir, como Jesús, los sufrimientos implicados en el cumplimiento de la propia misión y vocación.

Por otra parte, los creyentes comprenden que el dolor humano no es ajeno a Jesús, verdadero Dios y Hombre, y por eso el que padece dolor sabe que su sufrimiento no le resta valor a su vida, pues hasta la Virgen María y el mismo Jesús lo comprendieron para redimirlo y abrir a través de Él, el camino hacia la vida. Acompañan a Jesús y María las esculturas domesticas sobredoras de los doce apóstoles, principales discípulos a quienes Él envía a predicar el Evangelio por todo el mundo. Entre ellos destaca otra pequeña escultura estofada que también representa a Santiago Apóstol, Santo Patrono de la Arquidiócesis.

 

SALA DE LA IGLESIA
Esta es la sala más amplia del Museo Arquidiocesano. Los objetos exhibidos simbolizan el homenaje y respeto de amor que el cristiano tributa a Dios.
El culto católico tiene su manifestación más profunda e importante en la celebración de la Eucaristía o Santa Misa. La mayor parte de las piezas y joyas fue fabricada y elaborada para destacar la dignidad y santidad de esta celebración, ya que la Iglesia entiende que el culto que se realiza en la tierra es reflejo del que los santos del cielo tributan a Dios. Por ello, las paredes de esta sala están decoradas con pinturas de Ángeles y santos. Los santos simbolizan la meta a la que tiende el cristiano: “Ustedes se han acercado a la asamblea de los primogénitos que están en el cielo, a Dios, juez de todos, a los espíritus de los que viviendo rectamente han logrado la perfección” (Hechos 12,22-23). Las pinturas de obispos y arzobispos evocan el carácter sagrado de su ministerio. La gran vitrina al ingreso es la reproducción de un altar con diferentes objetos de platería: cálices, patenas y copones, que se usaban en las mesas de altar tradicionales y estaban destinados a contener el vino y el pan, que al consagrarse, se convierten en la Sangre y Cuerpo de Cristo, la Santísima Eucaristía. Además puede verse una custodia, atriles, acetres, hisopos, incensarios y navetas, campanillas, vinajeras, etc. La fe católica, la devoción eucarística, la estética piadosa, no han escatimado recursos para convertir en verdaderas joyas los vasos que contienen este precioso don. Por otra parte, el arte de la joyería empleado en su fabricación es un signo visible de la estima, el respeto, la adoración que los católicos tributan a Jesús Eucaristía.

 

El diorama de la procesión del Corpus Christi conmemora el día de la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. La Iglesia católica guatemalteca se caracteriza por su profunda devoción eucarística y de ahí que se pueda admirar algunos objetos utilizados en la procesión: ciriales, faroles, las varas que sostienen el palio que cobija al sacerdote que lleva al Santísimo Sacramento, dalmatitas y la capa pluvial que viste quien lleva en sus manos la custodia u ostensorio en la que se coloca la hostia consagrada. Todo ello manifiesta la profunda veneración, el inmenso respeto que tributamos a la Eucaristía y la conciencia de que el mismo Jesucristo esta realmente presente entre nosotros en las especies eucarísticas.

 

SALA DE LA VIRGEN
La Virgen María goza de especial veneración en la Iglesia desde los mismos orígenes de la fe cristiana. Este culto tiene dos fundamentos. En primer lugar, la Virgen María fue elegida para ser la Madre del hijo de Dios y su papel trascendental en la encarnación del Hijo de Dios la une fuertemente a la misión de Jesús. Desde muy antiguo, asume la personificación de la Iglesia como madre de los creyentes y adquiere un significado que trasciende su propia persona para así representar a la Santa Madre Iglesia, que nos engendra a la vida nueva y nos hace hijos adoptivos de Dios. Cuatro aspectos relacionados con la Virgen Maria se pueden apreciar en esta Sala. En primer lugar, su participación en el misterio del nacimiento de Jesús, Hijo se Dios; luego, cuando se la representa como Dolorosa, su unión con Jesucristo en la Pasión. El puñal o la espada que le atraviesa el corazón es un símbolo tomado de la frase que el anciano Simeón le habría dicho durante la presentación de Jesús en el Templo: “y a ti una espada te atravesara el corazón” (Lucas 2, 35).

 

El tercer aspecto de la Virgen Maria representado en esta exhibición es su “transito” su paso de esta vida a la gloria para estar con Cristo y su coronación como Reina, juntamente con Cristo Rey. Aquí María adquiere ya significación eclesial, y representa a la misma Iglesia gloriosa. El cuarto aspecto esta constituido por las diversas advocaciones bajo las que es venerada. Una peculiaridad del desarrollo del culto mariano en la Iglesia católica es la diversificación de nombres e imágenes con los que es conocida y representada. Cada lugar, cada época, la representa de un modo diverso. En este sentido, la Virgen Maria adquiere fisonomía propia en cada región.

Las múltiples coronas y resplandores que se exhiben en esta Sala y que han adornado la cabeza de diversas imágenes de la Virgen Maria evocan no solo que ella reina con Cristo para siempre, sino que también la Iglesia y todos los creyentes en Cristo estamos llamados a ser miembros del Reino de Dios por la Resurrección.

 

SALA DE EXPOSICIONES TEMPORALES
Este recinto se dispuso para alojar exposiciones temporales relacionadas con las Parroquias e Iglesias de Guatemala, así como santos y personajes de la vida religiosa del país. Actualmente, en esta sala, podemos conocer la vida de una religiosa guatemalteca, a quien Dios concedió gracias especiales, Madre Maria Teresa de la Santísima Trinidad.